viernes, 15 de mayo de 2009
Etiqueta
No se me da bien atribuir cualificativos, y menos a algo que pertenece tanto a mi persona como es un blog.
Dicen que el blog es la forma de ensayo moderna en donde el credor va dispositando sus ideas, sus aprendizajes, sus preocupaciones... El blog, al igual que el ensayo, es inacabado, imperfecto, ágil, espontáneo, algunas veces sustentado en ideas argumentadas y otras veces, simples palabras o imágenes que expresan el estado de ánimo y los pensamientos del escritor.
Dicen que el blog es el reflejo de la personalidad, la identidad y las percepciones del bloguista. Pero tampoco se describirme a mí misma...
Un adjetivo para este blog... no se... ¿variado? ¿expresivo? ¿Informativo? ¿irónico?
¿Alguien me ayuda?
jueves, 14 de mayo de 2009
Oda a la cama
Tú que me acompañas en mis viajes al más allá y me guías en los dulces deseos y las peores pesadillas
Tú, la fiel amiga en mis noches de insomnio y en los días difíciles, absorbes mis lágrimas y compartes mi preocupaciones
Tú, omnipresente en los momentos más pasionales y lujuriosos del ser humano,
que dejas que los enamorados se unan en sus tiernas caricias y los envuelves en su mundo privado
Tú, con la que tantas novelas he compartido y tantas horas he perdido mirando la televisión
Tú, compañera que me ayudas a soñar, a pensar, a imaginar, a descansar, a correr el telón de un día agotador y empezar con ánimo una nueva mañana...
Tú, con la que he pasado un cuarto de mi vida y seguiré compartiendo momentos contigo, aunque no seas la misma...
Eres el lugar más importante del mundo
domingo, 26 de abril de 2009
¿Dónde está? ¿Dónde estamos?
Probablemente nuestra época sea la más ociosa de todos los tiempos. En toda la historia no había habido tal cantidad de actividades y ofertas para ocupar nuestro tiempo libre.
¿Pero qué es el tiempo libre en una sociedad como la nuestra? ¿Dónde está? ¿A dónde ha ido?
Desde la crisis del Estado del Bienestar y las corrientes neoliberales que mueven nuestras economías, hemos vuelto a los tiempos en los que se trabajaba de sol a sol. Es verdad que las condiciones laborales ya no son las mismas, ni los métodos para producir tampoco. Nuestra sociedad ha cambiado, pero no nuestra manera de distribuir el tiempo y concebir el trabajo.
Quien trabaja mucho, aunque dispone de liquidez para gastarlo en ocio, no dispone de tiempo. El que trabaja poco y dispone de tiempo, no tiene dinero. El ocio se ha convertido en un lujo que administramos muy cuidadosamente. “Si mañana voy a cenar, esta noche no podré ir al cine, pero por otra parte me apetece más ir al teatro... pero es tan caro…”. Así, nuestro tiempo de ocio se rige por dos variables: tiempo y dinero. Y la ecuación es muy sencilla: menos tiempo y menos dinero = menos ocio.
Dentro de este panorama desolador, el fútbol se ha convertido en la actividad de ocio masiva y popular. El fútbol es capaz de reunir a noventa mil personas en un solo estadio y hacerles gritar, insultar, reír o llorar.
Por otra parte, está el boom tecnológico que nos absorbe la mayor parte del tiempo libre. Hemos sustituido el ir a la casa de un amigo para hablar por conectarnos al Messenger o al Facebook y “hablar” con veinte “amigos” a la vez. Las películas se ven des del ordenador y la música se baja por Internet. Y es lógico que sea así, ya que es barato e inmediato.
Sinceramente, pienso que nuestra sociedad sufre una grave crisis cultural, marcada por un sistema capitalista, una manera de concebir el mundo basada en la producción y un reparto desigual del tiempo y las oportunidades.
Una sociedad que no apuesta por la formación cultural de sus individuos es una sociedad vacía y pobre, que se va consumiendo a sí misma poco a poco y no es capaz de reciclarse.
domingo, 5 de abril de 2009
"La cultura és necessària?"

El otro día, paseando por Diagonal, me encontré con este cartel.
Qué quiere decir que si la cultura es necesaria?
Con qué juego de palabras nos quieren atraer esta vez los publicistas?
He intentado averiguar qué se esconde detrás de este eslogan, pero no he dado con ello aún.
Lo cierto es que a mi me llamó la atención esta pregunta retórica (quizás sean las consecuencias de las clases de periodismo cultural...)
Mi primera reacción al ver el cartel fue: "pss... pues claro que es necesaria!".
Durante todo el trayecto hasta casa esta dichosa pregunta ocupó gran parte de mi mente. Intentaba dar una respuesta contundente, con suficientes argumentos. Pero me venían tan rápido a la cabeza que no conseguía enumerarlos a todos.
Finalmente llegué a la conclusión de que la cultura es necesaria para vivir. Simple y llanamente.
¿Qué motivos se os ocurren a vosotros?
sábado, 14 de marzo de 2009
Viaje a Ítaca
Sabio, como sin duda serás después de tantas experiencias, sabrás muy bien qué cosas son las Ítacas
Con estas palabras termina Ítaca, el poema de Konstantínos Kaváfis.
¿Y qué es Ítaca?
Esta isla del Jónico que pertenece a Grecia es para Kaváfis un camino lleno de experiencias, historias y vivencias que debe recorrer Ulíses. No es el destino del viaje, sino el viaje en sí mismo el que nos llena el cuerpo y el alma. La consecución del viaje carece de importancia, lo realmente importante es lo que aprendemos a lo largo de este viaje.
Ítaca es una analogía de la vida. No merece la pena vivirla rápida y con prisas. Hay que disfrutar y aprender lo que cada experiencia nos enseña. Por eso, como dice Kaváfis, hay que rogar que el viaje sea largo. Hay que detenerse en cada punto del camino.
Después de este viaje de tantos años habremos comprendido lo que es Ítaca.
Viajar para contarla
Con este objetivo ser creó tuaventura.org, un proyecto de ciberperiodismo dedicada a los amantes de viajar, a los que sueñan con nuevos escenarios y disfrutan conociendo nuevas culturas.
Esta iniciativa está formada por diversos corresponsales de diferentes partes del mundo que explican sus experiencias de viajes y nos muestran otra visión del mundo que va más allá de las cuatro paredes a las que estamos acostumbrados.
Los viajes son los que nos van construyendo como personas, los que van conformando nuestros pensamientos y visiones del mundo. "Viajar" es un verbo delicioso que debería estar presente en la vida de cualquiera. Nunca he entendido a la gente que no le gusta viajar, que prefiere quedarse en casa jugando con la PSP en vez de destinar ese dinero a un viaje, a un experiencia.
En el lado del mundo en que vivimos deberíamos considerarnos unos afortunados. El mundo tiene las puertas abiertas para nosotros, pero muchas veces tenemos miedo de traspasar esa frontera, miedo a lo desconocido. Pero simplemente se trata de una cuestión de valor, no de dinero.
Hace unos días tuve el placer de conocer a un corresponsal de guerra, Nico Valle. Me explicó sus experiencias sobre las diferentes partes del mundo en las que había estado: Irak, Irán, Afganistán, Líbano, Bosnia... Sus relatos me provocaron una envidia sana. Yo quiero hacer esa vida. Conocer esas gentes, esa cultura, esos territorios. Sus palabras estaban llenas de conocimiento y sabiduría, y era porque había visto el mundo con sus propios ojos. Nico, hace unos años, cogió un mochila pequeña con las cosas indispensables y se fue un año a recorrer el mundo. Estuvo por África, Ásia, Europa... Y vivió experiencias innovidables.
Creo que todos deberíamos ser un poco como Nico. Coger una mochila y desaparecer. O más bien dicho, aparecer.
Todos los rincones del mundo tienen algo interesante que ver, todas las culturas tienen algo curioso que contar, todos los paisajes son dignos de contemplar. Y nunca es demasiado tarde para coger esa mochila y empezar un nuevo viaje.
Parafraseando a Gabriel García Márquez en su libro "Vivir para contarla", yo digo: hay que "viajar para contarla".
lunes, 9 de marzo de 2009
¿Qué es arte?
El arte moderno, tal y como lo entendemos ahora, nace en el cuatroccento italiano y desde sus inicios se ha ido diversificando hasta un punto en que las fronteras entre lo que es arte y lo que no lo es es cada vez más difuso. El arte moderno inquieta al ciudadano. La excelencia en el arte no es objetivable, no hay una manera exacta de medir lo buena o mala que es una obra. Pero una cosa está muy clara, lo que es arte está valorizado, es muy caro y está al alcance de los multimillonarios con gustos exquisitos.
El arte contemporáneo nos ha mostrado que cualquier objeto puede considerarse artístico dentro de un museo. El gusto, las modas y las tendencias son las que determinan el arte. Pero ¿quién determina el valor económico del arte? ¿Coincide este valor con el artístico o el estético? ¿Desde qué parámetros se pone precio a una obra? ¿Se consume arte sólo como forma de distinción y como forma de diferenciarse del resto?
La relación entre arte y economía es muy estrecha. Hoy en día no se pude entender el arte sin el mercado, dado que el arte es un bien valorizado que se distribuye y comercializa. Por lo tanto, las manifestaciones artísticas se caracterizan por su doble dimensión: la cultural y la económica.
La dimensión cultural es la que busca satisfacer una determinada necesidad cultural. Es decir, la creación u oferta responden a unas demandas o consumo de obras de arte, consecuencia de una necesidad cultural insatisfecha. Esta dimensión cultural es el rasgo característico de las producciones artísticas, que las hacen exclusivas y las diferencian del resto de bienes.
Por otro lado, la dimensión económica engloba actividades económicas de producción, distribución y comercialización. Es en la actividad de distribución donde se genera el mercado del arte. Es obvio que para que exista mercado de una obra de arte se necesitan dos partes implicadas: la oferta y la demanda; y que se pongan de acuerdo en la transacción. En este punto, hay un desequilibrio porque los vendedores y compradores no disponen de la misma información. Al tratarse de productos únicos e irrepetibles, piezas exclusivas y únicas en el mundo, se trata de un mercado prácticamente monopolítico. Tal y como explica William Baumol en un estudio económico sobre el mercado del arte, en este sector no existe un nivel de equilibrio por lo que sus precios son considerados no-naturales en el sentido clásico. La elasticidad de la oferta es cero, como pasa en el caso de obras de arte de artistas ya fallecidos, ya que el exceso de demanda no provoca un incremento de la oferta. Por lo tanto, el mecanismo de equilibrio de precios en el mercado del arte es más débil que en los otros mercados.
Llegados a este punto, hay que destacar el importantísimo papel que han jugado los críticos de arte, que con sus opiniones pueden influir en los gustos generales y en la valoración de este mercado, basado en modas y tendencias. La segunda mitad del siglo XX ha sido la época en la que más se ha valorizado el arte. Los precios del arte crecen más que los de las acciones en los últimos 135 años y superan la inflación.
En mi opinión, las obras de arte responden cada vez más a la dimensión económica que a la cultural. El arte se ha convertido en las últimas décadas en un bien de inversión que mueve millones en un mercado creado y promovido por y para los ricos. Las desorbitadas subastas de obras de arte muestran el potencial de este mercado, y las cantidades de dinero que se manejan han adquirino proporciones desmesuradas. ¿De verdad valen 13 millones de euros las penosas vacas en formol de Damien Hirst? ¿Merece la cúpula de Barceló una inversión de 20 millones de euros, una suma que podría ser el presupuesto de un país pequeño? El año pasado las ventas de obras de arte superaron, por primera vez, la barrera de los mil millones de dólares. Las dos casas más importantes son Sotheby’s y Christie’s, que en 2006 alcanzaron altas cifras: vendieron cinco obras de Klimt en 327 millones; y además tuvieron récords para Gauguin, Schiele, Warhol y, entre otros, un Cézanne a 37 millones y un Pollock a 140 millones.
El mundo del arte está cada día más ensimismado y es más irreal y más perverso. Hace dos semanas se celebró la subasta del siglo en París, la de la colección del modisto Yves Saint Laurent (fallecido en verano del 2008) y su compañero Pierre Bergé, en la que se recaudaron 773 millones de de euros. Y yo me pregunto: ¿dónde está la crisis?
domingo, 1 de marzo de 2009
El “topicismo” cultural
El síndrome del “topicismo” desgraciadamente se encuetra por todas partes y también contamina a la cultura. Para ser más precisos, los productos culturales, junto con los medios de comunicación, son los principales canales que construyen y retroalimentan los tópicos.
La idea que nos formamos sobre un país, una sociedad o una cultura proviene de diversas imágenes que nos llegan en forma de flashes. Nos conformamos con esas pinceladas para construir nuestra concepción del mundo. Pero en realidad un tópico esconde miedo, pereza y orgullo. Miedo a que se desarmen nuestras estructuras mentales. Pereza, porque es más fácil aceptar que los gallegos son brutos, los andaluces holgazanes y los ibicencos fiesteros que pararse a pensar y conocer por nostros mismos. Orgullo porque posiblemente uno se siente más contento consigo mismo sabiendo cuatro cosas de algo. Quizás estas son tres de las características que nos distinguen como seres humanos: el miedo, la pereza y el orgullo.
La pregunta está en si podemos evitar el tópico al realizar una producción cultural. En mi opinión, no es una tarea imposible, pero sí muy complicada. Romper con los tópicos no resulta nada fácil. Cualquiera que lo intente se encontrará con una barrera de mentes ya moldeadas que, ya sea por miedo, pereza u orgullo, no tienen demasiado interés en romper con estos esquemas.
Basta con fijarse en el séptimo arte. Las películas que han intentado romper estos moltes han sido tildadas de “independientes” o “experimentales” y no acostumbran a tener demasiado éxito entre las masas. En cambio, las grandes producciones de Hollywood se encargan de reproducir película tras película diferentes tópicos. Un ejemplo claro, y con la ceremonia de los Oscars aún caliente, es el de Vicky, Cristina, Barcelona. Woody Allen nos muestra una ciudad cosmopolita, pero a su vez muy “española”, en donde mientras uno pasea por las calles puede escuchar canciones de Paco de Lucía. Muy típico de Barcelona…
Por otra parte, a veces la línea fronteriza entre tópico y realidad es muy estrecha. Es el dilema de ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? Un tópico nace de una realidad magnificada y repetida. Y, a su vez, el tópico puede llegar a convertirse en una realidad a partir de la asimilación de aquellos actores que se encuentran implicados. Por poner un ejemplo, si existe el tópico de que en un barrio concreto todos son unos “macarras” y “chorizos”, puede que al final, un vecino honrado de aquel barrio acabe asimilando aquella etiqueta y se convierta en ese tópico.
Los medios de comunicación y la cultura son los grandes responsables de romper con estos tópicos, de educar a los ciudadanos y de presentar estampas variadas y lo más fidelignas posibles a la realidad. Aunque algunos crean que no, en el siglo XXI aún funcionamos a partir de tópicos. Y ya es hora de encontrar un remedio a esta enferemedad.
lunes, 23 de febrero de 2009
Las horas muertas
Las horas muertas son aquellos ratitos en el tren en los que te adentras en las páginas de una apasionante historia de amor. Las horas muertas son los domingos soleados en la terracita de un bar leyendo el diario; es recostarse en el sofá y quedarse hipnotizado observando los colores del fuego ardiendo en una chimenea; son aquellos momentos en los que te estiras en la hierba a adivinar las formas de las nubes. Las horas muertas también son los largos fines de semana dedicados a ver películas, las fotos de un álbum viejo o el olor del café en un bar junto a tus amigos. Las horas muertas son los pensamientos que se cruzan por la cabeza durante el trayecto del trabajo a casa; los pasillos silenciosos de una exposición de arte, las notas musicales que nos hacen bailar y cantar… Las horas muertas son aquellos momentos del día en los que, sin querer, nos sentimos vivos y felices. Y aunque sean horas muertas, no estan vacías. Son trocitos de nuestro tiempo en los nos escondemos de la rutina y las obligaciones y nos atrevemos a pensar, sentir y reflexionar.
Este es mi escondite, en el que comparto mis horas muertas con las vuestras. Porque las horas muertas son las que nos hacen estar vivos.

